El Turismo Rural, visto por una extranjera
Todos somos turistas en un momento u otro. En cuanto salgamos de nuestro entorno habitual para descubrir otro, hacemos turismo. ¿Y qué es lo que buscamos?

Hablando aquí como un extranjero que ha vivido en un pueblecito de la montaña de Alicante durante los últimos quince años, yo diría que lo que se busca - por lo menos en esta zona - es vivir algo diferente, conocer alguna forma de vivir diferente de nuestra rutina diaria. Por ejemplo, ¿vivimos agobiados en la ciudad? Pues, buscamos el espacio y tranquilidad del campo.


Pero, somos muy exigentes. No basta con un lugar tranquilo; hace falta que tenga belleza, encanto, algo especial. Los turistas de Europa que abandonan la costa en busca de la España auténtica detrás de las montañas, huyen de lo comercial, de la masificación, en busca de algo que sea diferente.

A lo mejor su primer encuentro con el interior será una visita a Guadalest, en una excursión en autobús desde Benidorm. Con su castillo agarrado a una peña, su lago, calles empinadas y rodeado por las montañas, parece un pueblo que ha salido de las páginas de una cuenta de hadas. Después de subir al castillo y pasear por sus almenas gozando de sus vistas espectaculares de las sierras, buscarán algún recuerdo, y seguramente tendrán hambre … así funciona el turismo, y el pueblo pequeño de Guadalest ha sabido adivinar lo que buscan los extranjeros, y les ofrecen recuerdos artesanales de buena calidad - cerámicas, cueros, mieles -para llevar a su país.

Pero quizá haya demasiado tiendas de recuerdos, demasiada gente, demasiado autobuses en Guadalest para quien realmente quiere encontrar la tranquilidad, para el turista que quiera hacer el turismo rural. El verdadero amante de la naturaleza llegará a los valles del interior - Vall de Pop, Vall de Laguar, Vall de Seta, entre otros - por los senderos de Pequeño Recorrido que entrecruzan la provincia. En los últimos años éstos se han mejorado mucho: las asociaciones de senderistas han repintado las marcas de blanco y amarillo, se han erigido señales e incluso paneles explicativos con mapas. No hay mejor forma de disfrutar la naturaleza y el aire libre que pasear por estos senderos: lejos del tráfico es muy fácil pasar todo el día andando sin ver a otra persona.

De pueblo en pueblo los caminos llevan al visitante a parajes sorprendentes: no solo por su belleza sino por su interés histórico o cultural. En Pla de Petracos, por ejemplo, a unos 4 km de Castell de Castells, en el Baranco de Cúmulo, hay unas pinturas rupestres de antigüedad incierta, de entre 5.000 y 8.000 años. Su estilo se llama macroesquemático levantino, y no se conoce fuera de esta provincia. Al principio sus líneas de rojo oscuro son difíciles de distinguir, pero de repente nos saltan a la vista y quedamos impresionados por su singularidad. Nos preguntamos qué significaban para los que las pintaron, y cómo han podido sobrevivir tantos milenios.

Pero las pinturas rupestres son solo los rasgos más viejos del pasado de estas tierras: hay vestigios de poblados ibéricos, como La Serreta, en las afueras de Alcoi, o los viejos bancales, las masas abandonadas, las ruinas de castillos antiguos. Como los castillos musulmanes de Travadell, cerca de Millena, o Costurera entre Balones y Benimassot, conquistados por Jaime I en el siglo XIII. Son enclavados en la montaña, dominando los valles abajo, vigilando los accesos a sus tierras. ¡Y que tierras! Es el paisaje espectacular del interior que más impresiona al turista extranjero, con sus contrastes entre las montañas severas y los valles con sus bancales de olivos y almendros, sus bosques de encinas y las flores silvestres de primavera.

Es un paisaje que encanta, que conserva toda su belleza natural sin barbaridades industriales, esparcido por pueblos pequeños, cada uno diferente de su vecino, con sus propias características e historia. En vez de las urbanizaciones, con todas las casas idénticas, aquí cada casa es distinta: los detalles de los balcones o las rejas más elaborados o sencillos, una puerta de madera vieja, un rincón repleto de tinajas de barro y macetas de helechos y geranios…

Y encuentras también un trato personal. No eres fulanito, una persona anónima, aunque seas forastero. Es que los del pueblo saben que eres extranjero. ¿Cómo no van a saberlo, cuando conocen a cada uno de sus vecinos de toda la vida? Pero, te saludan, incluso te hablarán del pueblo, te indicarán dónde está el bar o te ayudarán a sacar el coche de ese callejón sin salida.

Al final los extranjeros nos quedamos tan enamorados con este paisaje que unos queremos quedarnos para siempre. Empezamos a pensar en comprar una casa vieja, reformarla, ganar la vida. Pero, ¿Cómo se gana la vida haciendo turismo? Pues, con servicios para el turista. Después de todo, pensamos, nadie sabe mejor que nosotros lo que busca el turista que llegue hasta estos valles. Se abre un bar, una casa rural o - como en nuestro caso - un restaurante (www.antiga-escola.com), en uno de los pueblos del interior.      Cont……………...

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